Pensamientos de un aikidoka durante un entrenamiento
Después del último entrenamiento tuve una sensación diferente. Entré en casa e intenté explicar a mi mujer que , a diferencia de otros días, no venía cansado físicamente o machacado por que no me habían salido muy bien las técnicas. Tenía una sensación de tranquilidad y relajación, como nunca había sentido.
Mi mujer lo resumió como:” hoy te han salido bien las técnicas y no has recibido mucho”.
Desde su punto de vista ,como no practicante de aikido, era una definición bastante normal y acertada. Desde mi punto de vista, como practicante, me di cuenta que en realidad si me comprendió como deportista, pero nunca sabrá lo que sentí como aikidoka.
Por eso me gustaría compartirlo con otros aikidokas, que son los únicos que se podrán ver reflejados en mi exposición, o no…
Durante 10 segundos
Escuchas “Yame”, y de manera automática saludas como gesto de agradecimiento y respeto al compañero con el que acabas de practicar. Rápidamente buscas posicionarte en la fila, dejando libre la zona de entrenamiento. Seguramente todavía estás reflexionando acerca de cómo te ha salido la técnica anterior, mientras buscas cómo no romperte los tobillos o las rodillas para colocarte en posición de seiza. Mientras te secas el sudor, recuerdas que una vez un maestro belga comentó en uno de sus cursos que los alumnos con ganas de ser requeridos por el maestro para explicar el siguiente ejercicio, deberían posicionarse lo antes posible en la fila y buscar con la mirada al sensei como muestra de disponibilidad.
Te acuerdas y lo haces, ya que considero un honor ser requerido por el maestro para explicar la siguiente técnica. Al mismo tiempo tu cerebro empieza a trabajar a gran velocidad y aunque te pueden estar mirando cientos de personas, en ese momento sólo cuenta una persona, tu maestro. Dije que era un honor, pero también es una responsabilidad. Tienes que hacerlo bien, para que tu maestro pueda explicar la técnica de manera efectiva . Si lo hacemos mal pasan dos cosas: la primera es que demostramos que no sabemos lo que hay que hacer y la segunda dejamos en evidencia a nuestro maestro. Incluso algunos podrían pensar que el maestro no es tan bueno, cuando sus alumnos hacen las cosas así.
Cuando tu mirada se cruza con la del maestro, sientes que tienes que dar el 100 % y deja de dolerte todo. Bien porque te ha mirado, bien porque te ha llamado por tu nombre, sientes que entras en el tatami para algo importante.
Durante 4 segundos
Tu cerebro se acelera y empiezas a recordar todo lo que se supone que has aprendido en las clases. Saludo inicial ,colocarse delante del maestro y valorar si esperar de pie y en guardia, o doblar una rodilla mientras habla aunque listo para incorporarte rápidamente si lo necesita. Colocarse en guardia, alinear las piernas, posición estable, centro bajo, hombros relajados, espalda recta, mirada al frente, actitud, control y todos tus sentidos se anulan para concentrarte en escuchar :la posición de trabajo ,el ataque y la técnica.
Durante 2 segundos
Escuchas la frase:”tachi waza,yokomenuchi,iriminague,ura”. Tu cerebro la repite unas dos veces en menos de un segundo para saber exactamente qué va a pasar. También sabes cómo va a comenzar el “combate”, y cómo va a terminar. Te planteas que no puedes fallar ni , por supuesto, dejar mal a tu maestro. El corazón se acelera. Inspiras y …..
Durante 4 segundos
Comienzas el ataque al tiempo que recuerdas cómo te han enseñado a realizarlo. Sacas la mano por el centro, a la altura de la cabeza, avanzas y mientras tu mano desciende te acuerdas de girarla al final. El golpe debe ser lo más real posible, con firmeza pero sin fuerza, que le llegue al maestro pero sin tocarlo, siempre con el miedo de impactar en la cabeza del maestro, pero también con miedo a no llegar y que el ataque se convierta en una farsa. Piensas, por dios, cómo puede ser tan difícil lanzar un golpe a la cabeza, y es cuando eres consciente que quieres hacerlo bien y entonces entran en juego otras variables. Al final siempre recurres a lo que tu maestro te repite en clase:”si te digo que ataques…ataca”.
Eres consciente que toda tu energía, impulso y ataque van a encontrarse con tu maestro, pero dónde uno espera un impacto, un choque de fuerzas, una oposición de energías….sólo encuentra vacío. En ese preciso momento uno sabe que ha perdido el combate y que si fueran otros tiempos y en otro país…ya estaríamos muertos. Lo único que hemos encontrado es que nuestra energía ha sido redireccionada y que hemos perdido el control de la situación. La iniciativa ha desaparecido y sin esfuerzo ni dolor hemos sido obligados a bajar nuestro centro mientras pivotamos sobre la pierna delantera. Mientras intentamos reposicionarnos, buscamos al maestro, que ,por arte de magia, ha desaparecido y se ha posicionado detrás de ti. Cuando lo encuentras, ya es tarde para reaccionar. Otra vez perdemos la iniciativa y con una sensación ligera sobre los hombros, somos dirigidos en un descenso oblicuo que nos obliga a pivotar pero hacia el suelo. Protegiendo la caída con una mano ,volvemos a perder de vista al maestro y mientras lo buscamos ,sentimos que no hay presión y que nos podemos levantar. Cosa que hacemos, ya que siempre es mejor estar de pie en un “combate”, que de rodillas ante tu “enemigo”.
Sin darte cuenta has cometido el error final, bueno , en realidad has sido dirigido durante todo este tiempo para llegar a una posición que te deja en desventaja sobre tu contrincante. Es la última vez que le verás la cara al maestro, si tienes tiempo, ya que sientes cómo una fuerza te desequilibra, al tiempo que tu cintura empieza a doblarse y cuando no puede mas , empiezan a levantarse tus piernas. Si, ya estás volando. Ni siquiera en ese momento tienes el control de la situación y tu único objetivo es girar la cabeza y estirar un brazo para buscar el punto de impacto contra el tatami. Lo más curioso es que no sientes miedo. Una vez en el suelo sabes que no debes moverte hasta que la actitud del maestro te lo permita. Sinceramente, volar ,caer y sólo ver una hakama al lado de tu cara en actitud de control no inspira ganas de moverse. Es decir, incluso cuando hemos sido proyectados y el “combate” ha terminado, seguimos sin tener el control de nosotros mismos.
Aunque desde el comienzo sabes lo que va a ocurrir, existe un punto en el tiempo una milésima de segundo , donde las energías se han juntado. Confías tanto en tu maestro ,que sabes que incluso no sabiendo caer, él va a conseguir que caigas bien, seguro e incluso” para la foto”. Es el momento mágico donde tú ya has realizado tu trabajo y tienes que creer a ciegas en el tori…para que él también ejecute correctamente su trabajo. En el momento que aparenta haber mas energías encontradas, es en realidad donde casi no hay dos, sino una sola energía. Tu llegas con tu energía, se junta con la del tori, se fusionan, fluyen juntas, y cuando al final se separan, el tori mantiene la suya….y tu has recibido la tuya en tu contra , acabando en el suelo.
Algunos realizan las técnicas y se quedan en eso..meras técnicas. Otros buscamos sensaciones mas profundas. Para mí, esto que acabo de contar es uno de los capítulos de un libro que empezó hace tres años y medio, y que no tiene fin. Existen muchos otros, pero este para mí ha sido muy especial. El título del libro podría ser “ Mi camino en el Aikido”. Los últimos cuatro segundos han sido muy importantes para mí, por que entre los mas de 820.000 segundos de práctica que llevo , han sido los primeros donde he sentido que de verdad he practicado Aikido. He sentido la armonización de las energías. No me puedo imaginar cuántos segundos debe tener un maestro 3 DAN del AIKIKAI ,pero estoy seguro que son muchos y espero poder compartirlos con él. No nos olvidemos que para esto del Aikido ,hace falta otra persona, para practicar …..y para disfrutar de sensaciones como esta.
Algunos dirán que soy un loco.
Yo sólo puedo decir:
De los tres años y medio que practico Aikido , por esos cuatro segundos ,ha merecido la pena empezar y espero continuar mi camino.
DOMO ARIGATO GOSAIMASU SENSEI
